Diferencias inglés americano y británico

¿Por qué el inglés de Reino Unido y de Estados Unidos son tan diferentes?

El reciente fallecimiento de la Reina del Reino Unido, Elizabeth II, ha sacudido estos días a la opinión pública. Y no es para menos, teniendo en cuenta que sus casi setenta años de reinado dan para mucho.

Aunque se han hecho muchas bromas sobre la longevidad de la Reina, no creemos que llegase a vivir la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica —¿verdad?— y cómo ambas lenguas fueron divergiendo ligeramente con el paso el tiempo y la evolución de ambos países.

Y como estos días se va a hablar del inglés y sus costumbres hasta en la sopa, hemos querido llevarlo a nuestro terreno y hablaros sobre las diferencias entre estas dos variantes del mismo idioma.

¿Empezamos?

Un punto de inflexión

Está claro que la historia del país está marcada por la migración desde «el Viejo Continente», tras su colonización. Muchos aventureros se lanzaron a la promesa de poder aspirar a empezar de cero y construir una nueva vida de posibilidades. Eso atrajo a personas de lo más dispares, contribuyendo a una mezcla de culturas, acentos e idiomas sin igual, que fue incidiendo poco a poco en el inglés imperante.

Con la Guerra de Independencia y la conformación de los Estados Unidos, esas diferencias quedaron cristalizadas, haciendo que ambas variantes tomasen caminos ligeramente diferentes, a pesar de los apenas 246 años que han pasado desde la firma de la Declaración de Independencia.

Tras el final de la guerra, los americanos necesitaban encontrar una identidad propia, y lucharon por diferenciarse de los ingleses, no solo en vocabulario, sino también en ortografía, gramática y pronunciación. Sin embargo, aunque pueda resultar paradójico, lo cierto es que, antes de todo el asunto de la independencia, los colonos que migraron al «Nuevo Mundo» conservaron rasgos distintivos del idioma —como la pronunciación de la «r» en ciertas palabras—, que en el Reino Unido se fueron perdiendo paulatinamente en un afán por elevar el idioma. Por lo tanto, el inglés americano parte, técnicamente, de una base más arcaica que el inglés británico.

Por otro lado, el hecho de ser un único territorio, facilitó una evolución más homogénea que la del Reino Unido, que contaba ya con otras variantes debido a sus colonias y territorios de ultramar.

Dos caminos diferentes

Como ya hemos dicho, a partir de un suceso tan dramático y de calado histórico como fue la independencia de los Estados Unidos, su pueblo necesitaba encontrar una nueva identidad.

El tiempo pasa; se inventan nuevos artilugios, se descubren alimentos y se piensan maneras diferentes de hacer las cosas. A todo eso hay que ponerle nombre, y, cuando la relación con «la madre» no pasa por su mejor momento, tienes que descubrir tu propio camino. Por ello existe una gran diferencia de nomenclatura, especialmente con artilugios modernos o con alimentos descubiertos en aquellos terrenos ignotos al otro lado del charco.

Además, Estados Unidos era una nación joven y rebelde que no miraba con buenos ojos el academicismo anglosajón. Era un pueblo que tuvo que sobrevivir a las extremas condiciones de un territorio inexplorado y hostil, por lo que tuvo que asumir una mentalidad inevitablemente práctica, donde la economía del lenguaje y la simplificación terminológica favorecían el entendimiento.

Todas estas diferencias se afianzaron a partir de 1828 con la publicación del primer diccionario de inglés estadounidense. El «culpable» de este hecho histórico para el país fue el lexicógrafo estadounidense Noah Webster. Su contribución no solo le sirvió para ser considerado como el padre del inglés americano, sino que también jugó un papel muy importante en la escolarización y educación de todo Estados Unidos.

Retrato de Noah Webster
Retrato de Noah Webster

Una de sus mayores aspiraciones es que los niños dejasen de aprender de los libros de texto británicos. Con ese fin, y tras un sinfín de viajes y años de estudio, escribió y publicó  An American Dictionary of the English Language, que actualmente se conoce como Diccionario Merriam-Webster, y que ha seguido evolucionando hasta el día de hoy.

La gramática y ortografía utilizadas en este diccionario eran más fonéticas y prácticas, pareciéndose más al lenguaje hablado y alejándose de la afección y «flema» tan propias del inglés británico de Londres.

Como no podía ser de otra manera, esto no sentó muy bien al otro lado del charco, donde se le acusó de corromper el idioma. A pesar de ello, su publicación fue ampliamente difundida por todo Estados Unidos, hasta el punto de que, en 1870, la Asociación Estadounidense de Filología y la Convención Internacional para la Corrección de la Ortografía Inglesa terminaron por aceptar sus ideas y darles un carácter oficial a la gran mayoría de los cambios propuestos en su obra.

Como veis, los caminos que han hecho que el inglés americano y el que se habla mayoritariamente en el Reino Unido sean tan diferentes están cargados de conflictos políticos, orgullo identitario, sentido de la supervivencia y practicidad a partes iguales. 

Todo ello, junto con el crecimiento exponencial y el desarrollo casi hegemónico de Estados Unidos durante gran parte de su historia, ha contribuido a que el inglés americano sea la forma más extendida fuera de sus fronteras. Sin embargo, no caigamos en el error de pensar que uno es mejor que el otro. De la misma manera que vemos las distintas variantes del español con toda su riqueza histórica, también debemos abrazar las particularidades de cada inglés. Porque, como dijo el cineasta Federico Fellini, «cada idioma es un modo diferente de ver la vida».

Si te ha gustado este artículo, estate pendiente de la próxima entrega, donde hablaremos más en detalle de las diferencias entre ambas variedades. Y, como siempre, si necesitas más información sobre nosotras o tienes preguntas sobre nuestros servicios, no dudes en contactarnos a través de Facebook, Twitter, LinkedIn, o déjanos un mensaje en nuestro formulario.

Te ayudaremos en todo lo que podamos.

¡Gracias por leernos y muchos ánimos!

Ir arriba