«Cancelación» parece una palabra inofensiva. La usamos para anular una reunión, devolver un préstamo o darnos de baja de una suscripción. Ahora imagina trasladar ese contrato al inglés, donde cada figura tiene su propio término, su propio régimen fiscal y su propia letra pequeña. ¿A que ya no parece tan inofensiva?
En la traducción financiera de contratos, los términos que designan el fin de una deuda esconden algunos de los «falsos amigos» más caros del sector y hoy queremos arrojar algo de luz al respecto.
¿Empezamos?
«Cancelar» no siempre significa pagar
En español, «cancelar una deuda» suele hacernos pensar en pagarla por completo y olvidarnos del asunto. Pero jurídicamente no siempre es así: una deuda puede «cancelarse» porque se paga, pero también porque se renegocia o incluso porque se perdona total o parcialmente.
Aquí es donde empiezan los problemas. En Estados Unidos, cancellation of debt no suele significar que has pagado, sino que te han perdonado la deuda. Y eso tiene consecuencias: si el importe supera ciertos límites (por regla general, 600 dólares), la administración tributaria estadounidense lo considera un ingreso. Es decir, te perdonan la deuda… pero tienes que tributar por ella.
¿Qué pasa si una traducción confunde ambas cosas? Una parte cree que ha pagado; la otra entiende que ha perdonado. Los balances de las dos empresas reflejan una realidad bastante diferente sobre el mismo documento, y ese desajuste puede aflorar meses después, cuando ya hay obligaciones fiscales sin provisionar.
Quita, condonación, settlement: cada una con su letra pequeña
Otro clásico: la «quita». En España, es cuando el acreedor acepta cobrar solo una parte de la deuda para asegurarse el resto. Es una figura muy habitual, por ejemplo, en procesos concursales.
En inglés, a veces se traduce como haircut, aunque según el contexto también pueden usarse expresiones como partial debt forgiveness o write-off. No hay una única traducción válida: depende de qué esté pasando exactamente en la operación.
El debt settlement, por su parte, es un acuerdo negociado para saldar una deuda pagando menos del total. Y luego está el release, que a menudo se propone como equivalente de «quita»… pero cuidado: en muchos contratos anglosajones significa renunciar a ejercer derechos o acciones. Y eso puede ir mucho más allá de aceptar cobrar menos.
Traducir deuda significa traducir consecuencias
Detrás de cada uno de estos términos hay implicaciones reales: impuestos, provisiones contables, derechos que desaparecen o que se mantienen. ¿Y eso qué significa? Pues movimiento de dinero. Y eso es siempre complejo.
Por eso, en traducción jurídica y financiera no basta con elegir la palabra que «suena parecido». Hay que encontrar la figura que realmente encaja en el otro sistema jurídico. Y cuando no existe un equivalente exacto, es mejor explicarlo que forzar una traducción engañosa.
Porque una deuda bien traducida se cierra cuando toca. Una mal traducida puede seguir dando problemas mucho después de haber firmado.
¿Conoces a alguien que esté negociando contratos en inglés? Reenvíale este artículo. Puede ahorrarle una conversación incómoda con su asesoría fiscal.
Y, como siempre, si necesitas más información sobre nosotras o tienes preguntas sobre nuestros servicios, no dudes en contactarnos a través de LinkedIn, o déjanos un mensaje en nuestro formulario.
Te ayudaremos en todo lo que podamos.
¡Gracias por leernos y muchos ánimos!

