Proyecto LEIA

El proyecto LEIA de la RAE: ¿quién decide cómo hablan español las máquinas?

Imagina que un chatbot bancario te responde con «troubleshooting» en mitad de una consulta en español, o que un asistente de voz decide que «agendar» y «programar» son intercambiables. Detrás de cada palabra que pronuncia una máquina hay alguien que antes se sentó a decidir qué es correcto, qué es discutible y qué es directamente impublicable.

Ese alguien, en gran parte, va a ser la Real Academia Española. El proyecto LEIA de la RAE, que viene de Lengua Española e Inteligencia Artificial, lleva trabajando en ello desde 2019. Y en los últimos meses ha presentado un puñado de herramientas con vocación de que las nuevas tecnologías mimen nuestro idioma como se merece. Buen momento para hacernos preguntas, ¿no te parece?

¡Empezamos!

Qué pretende LEIA exactamente

LEIA tiene dos líneas declaradas: velar por el buen uso del español en máquinas y aplicaciones, y usar la inteligencia artificial para que las personas hablen y escriban mejor. Ambicioso, cuanto menos.

Y sobre el papel suena impecable, pero en la práctica las cosas se complican enseguida. La RAE ha firmado convenios bilaterales con Google, Microsoft, Amazon, AWS, Telefónica, X y Meta. Los cinco millones de euros de financiación llegan del PERTE Nueva Economía de la Lengua. Y la plataforma ya tiene resultados a la vista: un observatorio de palabras, un verificador lingüístico, un sistema de consultas y un recopilador de variedades del español.

El verbo importante: normativizar

Santiago Muñoz Machado lo dijo claro al presentar el proyecto:

«Tenemos que hacer algo que hicieron nuestros antecesores del siglo XVIII —con los humanos—: normativizar la lengua de las máquinas».

Y esa palabra, normativizar, conviene mirarla con lupa.

Porque normativizar significa decidir cosas tan básicas como qué palabra entra, cuál queda fuera, cuál queda en observación, etc. Pero también otras más peliagudas, como si admitimos «emprendedurismo» como animal de compañía (perdón por la referencia milenial); o qué peso tienen las hablas de Lima, Bogotá, Buenos Aires o Ciudad de México frente al uso peninsular.

La propia RAE reconoce el reto: el español lo hablan 591 millones de personas en cinco continentes. Pero quien se está sentando a entrenar las máquinas es, sobre todo, una institución madrileña en convenio con la tecnológica estadounidense.

Hay valor en que alguien intente que las máquinas dejen de cometer barbaridades en nuestro idioma. Lo que vemos como traductoras es que toda decisión normativa deja un sedimento. Y ese sedimento, multiplicado por millones de consultas al día, deja de ser una opinión académica para convertirse en una realidad que damos por sentada.

¿Qué tiene que ver esto con nuestro trabajo?

Pues bastante, y nos toca bien de cerca.

Porque LEIA contempla expedir un certificado de buen uso del español a las empresas tecnológicas adheridas al proyecto. Esto quiere decir que la RAE certifica, la máquina genera, y luego llega el cliente con un texto traducido automáticamente y se pregunta:

«¿Por qué necesito revisión humana si esto lleva sello de la RAE, nada menos?».

Es una pregunta legítima que implica una respuesta larga: un certificado promete corrección formal, sin faltas, buena sintaxis y léxico recogido en el diccionario. Hasta ahí, todo genial. Lo que no promete es que el matiz funcione en un contrato mercantil panameño, ni que el registro encaje con el cliente final, ni que la cultura meta entienda lo dicho. Eso seguimos haciéndolo los traductores y traductoras.

La norma del español siempre fue una conversación viva y muy dependiente del momento y del contexto. Ahora se han unido las máquinas a esa conversación. Y bienvenido sea, oye, mientras no olvidemos quién decide y en nombre de quién.

Sería muy ingenuo pretender darle la espalda a esa apisonadora en la que se ha convertido la inteligencia artificial, y es una fantástica noticia que desde la RAE se esté velando por el buen uso de nuestra lengua dentro de ese ecosistema. 

Por eso es importante que quienes no están dentro de dicho ecosistema entiendan que las costuras del idioma, esas que aparecen cuando una palabra no acaba de encajar, las vemos mejor desde el oficio y no se puede dejar todo en manos de las máquinas.

Si te ha hecho pensar, pásaselo a esa colega que se queja de la posedición eterna.

Y, como siempre, si necesitas más información sobre nosotras o tienes preguntas sobre nuestros servicios, no dudes en contactarnos a través de LinkedIn, o déjanos un mensaje en nuestro formulario.

Te ayudaremos en todo lo que podamos.

¡Gracias por leernos y muchos ánimos!

Scroll al inicio