En la entrega anterior te contábamos que el artículo 50.4 de la regulación europea sobre la inteligencia artificial obliga a etiquetar el texto generado o manipulado con IA que se publica para informar al público sobre asuntos de interés público.
Y ahí es donde a casi todo el mundo se le queda cara de póker. ¿Qué es exactamente un asunto de interés público? ¿Entra tu newsletter, tu memoria anual, la ficha de producto? Las directrices de la Comisión traen ejemplos muy concretos y te los vamos a explicar.
¡Empezamos!
Tu contenido tiene que pasar tres filtros
Para que un texto entre, tienen que cumplirse tres condiciones a la vez, que suenan a perogrullada, pero no lo son.
- Que esté publicado, lo que deja fuera la correspondencia profesional y los documentos internos, incluidas las publicaciones en la intranet. Pero, ojo, porque una circular enviada, por ejemplo, a mil clientes sí estaría publicada. Tenlo en cuenta.
- Que informe al público, es decir, que comunique conocimientos, hechos u opiniones.
- Que trate sobre un asunto de interés público.
Ese último cajón es enorme: política, administración y servicios públicos, justicia, derechos fundamentales, seguridad, sanidad, medio ambiente, consumo y cualquier asunto económico, financiero, científico o cultural que merezca debate público. ¿Ves por dónde va la cosa? Casi cualquier cosa que le expliques al mundo puede entrar.
Los que sí entran seguro
La Comisión los pone en negro sobre blanco. Un resumen hecho con IA de un artículo escrito por una persona sobre una decisión del ayuntamiento, publicado en la web de un periódico. Un artículo de una web de estilo de vida, con partes manipuladas por IA, que compara los efectos de varias dietas en una enfermedad. Los informes corporativos de una empresa cotizada, retocados con IA y publicados en su web con información para inversores. Un aviso de temporal publicado por un instituto meteorológico en sus redes.
Fíjate un momento en el segundo. Nadie diría que una web de estilo de vida hace «interés público» hasta que aparece la palabra enfermedad. Y fíjate en el tercero, porque ese informe corporativo traducido a cinco idiomas es exactamente el tipo de encargo que pasa por nuestras manos cada semana.
Y los que se quedan fuera
También hay lista de exclusiones. Las novelas de fantasía escritas con IA. La publicidad y las descripciones de producto, salvo que hagan afirmaciones sobre salud, seguridad del consumidor o sostenibilidad. El resumen de noticias que un chatbot te da solo a ti, porque no llega a publicarse. Y el informe que un consultor prepara con IA para asesorar a su cliente.
Esa excepción de la publicidad tiene truco. Tu campaña está fuera hasta que alguien mete una promesa de salud o un argumento de sostenibilidad. Entonces cruza la línea y hay que ir con pies de plomo, porque esos errores se pagan caros. Literal y figuradamente.
El criterio, al final, no es el formato ni el canal. Es de qué habla el texto y a quién va dirigido. Antes de traducir con IA y publicar, la pregunta útil es sencilla: si esto sale mal, ¿le importa a alguien más que a mí?
En la próxima y última entrega cerramos el círculo: qué cuenta exactamente como revisión humana y en qué orden hay que hacer las cosas. Porque hay una regla ahí que puede echar por tierra todo lo anterior.
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