En 2015, un pueblo de A Coruña anunció a bombo y platillo su «Feria del Clítoris». Nadie en As Pontes había perdido el norte: tradujeron la web del concello del gallego al castellano con una herramienta automática y su famoso «grelo» acabó convertido en algo mucho más íntimo. El gazapo estuvo colgado en la página oficial durante meses, hasta que alguien se frotó los ojos y dio la voz de alarma.
Ha pasado más de una década de esta anécdota, pero algunos hoteles y agencias siguen traduciendo webs, folletos y las cartas con demasiada prisa. Y entre el «esto lo apaño yo con el móvil» y el corre-corre de temporada, la traducción automática en el sector del turismo y la hostelería cada vez hace más de las suyas.
En este artículo te explicaremos por qué lo barato suele salir bastante caro.
Empezamos!
Cuando el plato del día acaba en el anecdotario
En As Pontes, un error de traducción confundió el «grelo» gallego con su acepción vulgar en portugués, ajena a que hablaba de una verdura y no de anatomía. Como ves, le faltó el contexto que tan importante es en el mundo de la hostelería y el turismo.
Un plato regional, un doble sentido, una receta de la abuela con nombre intraducible, un cartel con retranca… La traducción automática puede que haya mejorado mucho en la última década, pero todavía puede dejarte en evidencia si se confía en ella ciegamente. Por eso es tan importante, como mínimo, una revisión profesional; cuando no, una traducción en condiciones hecha por una persona.
De la risa al cliente que se da la vuelta
Esos errores que corren por redes como memes tienen una cara B: ahuyentan clientes. Un viajero que aterriza en una web de reservas plagada de fallos no piensa «qué espontáneos»; piensa «si no cuidan esto, ¿cómo cuidarán la habitación?». La traducción es la carta de presentación de cualquier negocio que tenga clientes extranjeros y, si se cuida, será un elemento diferenciador que generará confianza y atraerá a más viajeros que la competencia.
Y el público vota con los pies. Según un estudio de CSA Research de 2020, el 76% de los consumidores prefiere comprar con la información en su propio idioma, y un 40% no llega a hacerlo en una web que no lo esté. En un sector donde una reseña con una estrella menos pesa lo suyo, una carta con gracia involuntaria puede salir muy cara. Y es algo que no nos cansaremos de decir.
Traductores frente a «la máquina»
No tenemos nada contra las herramientas; palabrita. Pero hay un salto entre traducir de un idioma a otro y conseguir que un texto funcione en una cultura diferente. Una traductora especializada sabe que un alérgeno mal traducido no tiene ninguna gracia, que «poco hecho» no significa lo mismo en todas las cocinas y que el tono de un folleto de aventura no es el de unas instrucciones de evacuación. Distingue cuándo conviene una equivalencia, cuándo una explicación y cuándo dejar el nombre original con una nota al lado. Ese criterio sigue siendo terreno humano.
A As Pontes, mira por dónde, el patinazo le salió a cuenta: su feria se hizo viral y hoy la conoce medio mundo. Un final feliz que no querrás copiar, porque es muy difícil de repetir. Para que tu carta dé envidia y no titulares, lo suyo es que la lea alguien antes de mandarla a imprenta.
¿Conoces a alguien que sigue traduciendo su menú con el móvil a las tres de la madrugada? Mándale esto antes de que su «fish to the iron» termine en un grupo de WhatsApp.
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