Estrenamos 2026 con fuerza y con el siguiente artículo de la serie dedicada a los nuevos perfiles en traducción. En la primera entrega, «Nuevos perfiles en traducción e interpretación: reinventarse en el mundo de la IA y las nuevas tecnologías», ya adelantábamos que la figura de la persona traductora poseditora iba a ganar peso en los próximos años. Ahora vamos a meternos en la harina de eso que llamamos posedición, para ofrecerte un pequeño resumen de este rol y sus implicaciones.
¿Empezamos?
Qué es (y qué no es) un traductor poseditor
La traducción automática neuronal se ha normalizado en muchos flujos de trabajo y, con ella, la posedición: alguien revisa, corrige y adapta lo que genera la máquina. Ese alguien debe ser un profesional que asuma la responsabilidad del texto final. Tenemos muy claro que la posedición ha llegado para quedarse, pero el debate creemos que está en cómo se aplica, en qué condiciones y con qué límites.
La guía de Asetrad nos recordaba, hace ya unos añitos, que la posedición es un servicio distinto de la traducción y de la simple revisión: la empresa entrega el original y una traducción automática previa, y el profesional decide qué se aprovecha y qué se rehace desde cero.
Por lo tanto, la persona traductora–poseditora es la encargada de:
- corregir errores de sentido, gramática y terminología;
- ajustar tono y registro al encargo;
- aplicar guías de estilo, glosarios y memorias;
- indicar cuándo la calidad de la máquina no permite poseditar con garantías. Y este es un paso clave e indispensable.
Hay quien habla ya del «traductor de IA», como un especialista que, además de poseditar, también supervisa y ayuda a entrenar motores de traducción automática. En la práctica, este rol se solapa con el del traductor poseditor: domina las lenguas, entiende la tecnología y funciona como filtro de calidad entre el algoritmo y el texto publicado.
Competencias y condiciones: así debería trabajar la persona traductora–poseditora
Las fuentes especializadas y las asociaciones coinciden en varios puntos. En primer lugar, el traductor poseditor es, ante todo, traductor: domina las lenguas, el texto y la cultura. La máquina solo propone un borrador.
Ni que decir tiene que no todos los textos son aptos para posedición. Cualquier material creativo, los textos jurídicos complejos, el material de marketing, la literatura o los videojuegos suelen requerir traducción humana directa si queremos preservar una voz y unos matices difícilmente comprensibles para la IA.
Para llevarse a cabo una labor tan compleja como la posedición, se necesita una sólida competencia tecnológica. Un/a poseditor/a deberá saber de herramientas TAO, motores neuronales, control de calidad automática o métricas de productividad. Además, requerirá de una fuerte capacidad de decisión para saber cuándo la posedición es viable y cuándo hay que recomendar traducción humana desde cero.
La traducción automática y la posedición se han vuelto elementos clave para muchos proveedores, pero hacen falta pautas claras, flujos de trabajo definidos y una formación específica para implementar la posedición correctamente. En resumen: no se trata de arreglar lo que te ha hecho Google Translate.
Regulación, derechos de autor y futuro de la posedición
Como era de esperar, el debate se va calentando cada día. En 2025, un reportaje de El País recogía la preocupación de traductores y asociaciones como ACE Traductores y CEDRO por el uso de traducciones publicadas para entrenar modelos de IA sin permiso ni remuneración, y hablaban de un posible «acto masivo de piratería intelectual», reclamando una regulación efectiva con la que no podemos estar más de acuerdo.
En paralelo, la Unión Europea aprobó en 2024 un Reglamento específico sobre inteligencia artificial que, junto con las normas de propiedad intelectual, busca establecer obligaciones de transparencia, supervisión humana y gestión de riesgos para los sistemas de IA, también en el ámbito lingüístico.
La figura del traductor poseditor es doblemente clave en este contexto:
en lo micro, garantiza que un texto generado por IA llegue comprensible, correcto y adecuado al lector;
en lo macro, es testigo privilegiado de cómo se implantan estos sistemas y puede contribuir a definir buenas prácticas y límites razonables.
Aceptar la posedición como una figura trascendental en los tiempos que corren no significa renunciar al criterio profesional. Más bien, al contrario: hace falta más organización, más normas como ISO 18587 que definan competencias y procesos, y más diálogo entre clientes, empresas de traducción y asociaciones para proteger tanto la calidad como las condiciones laborales.
La posedición: una evolución del oficio, pero nunca su sustituta
La posedición puede ser útil e incluso necesaria en determinados tipos de contenidos, siempre que se definan muy bien qué textos son aptos, qué calidad se espera y en qué condiciones se trabaja. El reto para los próximos años será combinar la eficiencia de la IA con el criterio humano y un marco regulatorio que ponga en el centro lo de siempre: textos bien escritos y profesionales respetados.
Si eres profesional de la lengua, te animamos a formarte y a conocer tus límites antes de aceptar encargos de posedición. Y si eres cliente, te invitamos a hablar con tu proveedor sobre cómo trabaja la posedición, qué perfiles intervienen y qué garantías ofrece.
En Zesauro apostamos por la tecnología, sí, pero siempre al servicio del texto y de las personas.
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