¿Es la transcreación la evolución natural de la traducción?

Como ya hemos visto a lo largo de la historia de la traducción, este oficio es casi tan viejo como el ser humano, como vieja es la necesidad de comunicarse y entenderse. Pero, a medida que evolucionamos, también lo hacen nuestras formas de comunicación, nuestros objetivos, y las herramientas y técnicas necesarias para transmitir el mensaje.

Por ese motivo, en los últimos tiempos, nuevos términos como transcreación, localización, transedición o, incluso, mediación lingüística, han ido apareciendo para atomizar y redefinir el concepto de traducción «tradicional». ¿Quiere esto decir que la traducción como disciplina ha quedado obsoleta? ¿Es un concepto global que acoge a todos estos nuevos términos o ha quedado relegada a una mera traducción de textos «palabra por palabra»? 

Lo descubriremos a continuación.

Transcreación vs. traducción vs. localización

En el anterior artículo os hablábamos de la teoría de skopos, sin la cual es muy difícil entender una disciplina como la transcreación, de la que, además, también apuntamos algunos conceptos básicos en este otro artículo. Sin embargo, hoy ahondaremos un poco más en su importancia en el mundo actual, las diferencias respecto a la traducción tradicional y con otras nuevas disciplinas como la localización, y qué habilidades debes desarrollar para triunfar en el mundo de la transcreación.

Para empezar, aunque la creatividad es un factor que siempre ha estado más o menos presente en el mundo de la traducción, lo cierto es que, con la aparición de la transcreación, adquiere especial relevancia. Ya no se pone el foco en la fidelidad respecto al texto de origen, sino que se centrará en las intenciones del mensaje original, adaptando y modificando el texto fuente siempre que haga falta, con el fin de que el mensaje llegue al público objetivo. Y no solo eso, sino que, además, tiene que llamar su atención.

Por eso también va más allá respecto al objetivo de la localización, que pone más el foco en hacer comprensible el mensaje al público meta, sin tener en cuenta el factor emocional. Por eso respetará más el texto fuente que la transcreación, aunque se permitirá reemplazar términos o conceptos cuando no sean comprensibles por el público que vaya a leerlos. 

¿Qué se necesita para triunfar en el mundo de la transcreación?

Evidentemente, no todos los textos requerirán el mismo grado de creatividad e intervención para alcanzar su objetivo, pero un buen transcreador o transcreadora debe tener la capacidad de saber cuándo traducir un texto —y, por lo tanto, ser más fiel al texto fuente— y cuándo crear a partir de él. Y esto dependerá de dos factores fundamentales: el contexto del público meta, y la intención del texto fuente.

Al final, lo importante es que los lectores sientan que el texto fue escrito específicamente para ellos, y eso obliga a los transcreadores a disponer de mucha más información por parte del cliente, más allá del texto fuente o de un glosario de términos.

Cuanto mejor y más completo sea el informe preliminar facilitado por el cliente, mejor será la transcreación realizada, empezando por conocer muy bien quién será su público objetivo. Conocer lo que el cliente pretende conseguir con el texto, cómo quiere que incida en las emociones del público objetivo y qué pretende que le impulse a hacer, son solo algunos de los factores a tener en cuenta en el proceso de transcreación. Y no solo eso; factores como el tono, el tipo de competencia a la que se enfrentará el cliente, el medio que se usará para transmitir dicho mensaje o el uso o no de soporte visual también influirán en el enfoque que se aplique a la transcreación.

Por otro lado, cuando hablamos del contexto, no nos referimos solo a la idiosincrasia del público objetivo, sino también de la función que vaya a tener el texto meta; no se aplicará el mismo grado de transcreación a los términos y condiciones de un contrato, que al eslogan de un anuncio.

Para tener en cuenta todos estos aspectos, es importante que la persona que decide especializarse en transcreación no solo sea una buena traductora, sino que, además, debe tener ciertas nociones de publicidad o periodismo, e incluso conocer fundamentos básicos de psicología y sociología. Al fin y al cabo, la clave será adaptar un mensaje y hacerlo comprensible y atractivo para un determinado grupo, con una forma de sentir y de pensar muy particulares. Por eso, la transcripción aúna las habilidades de la traducción y de la localización, convirtiéndola en una disciplina muy completa, pero también bastante compleja.

¿Está la traducción pasada de moda?

Como vemos, el proceso de transcreación está muy relacionado con el marketing y la publicidad, con incidir en las emociones del público objetivo y conseguir «empujarles» a realizar una acción. De primeras, podría parecer que solo podría aplicarse a ese contexto, pero no podemos cometer el error de compartimentalizar esta disciplina de manera tan rígida.

De hecho, tradicionalmente se ha visto la traducción libre, empleada habitualmente en la trascreación, como algo peyorativo. La traducción siempre ha enarbolado las banderas de la equivalencia y de la fidelidad como valores dignos de una buena traducción, pero esa equivalencia formal pura deja de lado el factor cultural y, hasta cierto punto, tanto el propósito del texto de origen, como las necesidades del texto meta.

¿Esto quiere decir que la traducción tradicional se ha quedado obsoleta? Evidentemente que no; como siempre, todo dependerá del contexto. Pero también puede ser interesante plantear el proceso de la transcreación como una evolución natural de la misma, adaptada a la forma y los medios con los que actualmente nos relacionamos las personas.

Debemos comenzar a ver la transcreación como un proceso continuo y maleable que se adapta a las circunstancias que se le plantean y actúa en consecuencia, interviniendo más o menos en el texto fuente en función de a quién vaya dirigido y de cuál sea su objetivo. En un mundo tan hipercomunicado como el nuestro, pero con tantas diferencias sociales, culturales, económicas y hasta generacionales, no tener en cuenta el contexto del público meta puede llegar a ser peor que no ser cien por cien fiel al texto fuente.

Ya ves que es un tema espinoso, y por eso queremos conocer tu opinión. ¿Crees que la transcreación es un invento del marketing o una evolución de la traducción tradicional? ¡Te leemos!

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