Traductores en guerra

Los intérpretes y traductores en la guerra

La reciente invasión de Ucrania por parte del ejército de Putin ha vuelto a poner de manifiesto, entre otras muchas cosas, —sobra decirlo— la vulnerabilidad con la que los traductores e intérpretes afrontan su trabajo en regiones en conflicto.

Pero ¿qué se puede hacer para paliar esta complicada situación?

Guerras como la de Ucrania son tragedias sin paliativos y todos los niveles. Eventos devastadores que ponen patas arriba la vida de todas y cada una de las personas a las que tocan con su oscura sombra.

Por desgracia, el gremio de traductores e intérpretes está lejos de librarse de esa lacra. Como tantos otros afectados, se ven obligados a huir, dejar de trabajar o hacerlo en las peores condiciones imaginables y con el miedo por mochila. A pesar de tratar simplemente de prestar ayuda en algo tan básico como la comunicación entre personas, ven cómo se les coloca una letra escarlata por culpa de las suspicacias derivadas de un conflicto que no han elegido y con el que ni siquiera simpatizan en la mayoría de los casos.

 ¿Cuántas veces nos olvidamos de la otra cara de la moneda? La labor imprescindible que los intérpretes y traductores realizan en zonas de guerra, arriesgando sus propias vidas y muchas veces de manera voluntaria.

Ni de unos, ni de otros; simplemente, profesionales

El inevitable discurso del «ellos contra nosotros» que traen consigo las guerras hacen que el considerar a los intérpretes y traductores como parte interesada de algún bando sea algo inevitable. Viven con el riesgo continuo a que se les señale políticamente. Por eso es tan importante dejar claro que los profesionales que ejercen labores de traducción e interpretación en países en guerra no son más que profesionales tratando de tender puentes de entendimiento, y que no pertenecen a ningún bando.

Y no solo eso, sino que muchas veces son los únicos ojos, oídos y voz de quienes se ven obligados a recorrer miles de kilómetros huyendo de una guerra que no entienden, hacia lugares en donde les es muy difícil comunicarse.

Pero cuando cesa el terror de los bombardeos y disparos, las perspectivas tampoco es que mejoren demasiado. Ya lo vimos no hace demasiado tiempo en Afganistán, donde la persecución política y los ajusticiamientos se cebaron con quienes habían ejercido esta labor. Tras la resolución del conflicto, traductores e intérpretes son abandonados a su suerte por aquellos estamentos con los que colaboraron activamente.

No es necesario que nos vayamos a ejemplos de dimensiones internacionales como los de Afganistán o Ucrania; hay registros que estipulan que durante la Guerra Civil en España más de un millar de intérpretes y traductores asistieron a los mandos militares, soldados rasos y voluntarios extranjeros que participaron en ambos bandos.

Un trabajo duro llevado a cabo por personas

Lo más duro en situaciones tan extremas es tratar de mantener la compostura y la profesionalidad cuando el conflicto llega a afectarte de manera personal. Ya lo vimos con los intérpretes que participaron en los Juicios de Núremberg y, más recientemente, con la intérprete que rompía a llorar mientras traducía las palabras del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, durante su discurso sobre la invasión rusa.

Separar los sentimientos de la razón cuando te rodea el caos y eres la única vía de comunicación para quienes lo han perdido todo requiere de una entereza fuera de lo común, especialmente cuando ves que los organismos internacionales te dan la espalda una y otra vez.

Por eso, desde asociaciones como ASETRAD o ANETI exigen, una y otra vez, mayor contundencia por parte de los gobiernos a la hora de defender y proteger la integridad de los profesionales que se están jugando literalmente la vida en zonas de guerra. Personas cuyo único objetivo es construir puentes de entendimiento, que desempeñan una labor fundamental en las negociaciones de paz y en la asistencia humanitaria.

 

Desde Zesauro Traducciones queremos enviar todo nuestro apoyo y solidaridad, a todos los compañeros y compañeras afectados, directa o indirectamente, no solo en la Guerra de Ucrania, sino en todos los conflictos bélicos que desgraciadamente siguen minando la paz hoy en día en muchas regiones del planeta.

Vuestra labor es encomiable; vuestra valentía, imponderable.

Mucho ánimo y mucha fuerza.

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