La interpretación a lo largo de la historia

A raíz de un reportaje emitido en La Sexta Columna a finales de septiembre sobre los Juicios de Núremberg, nos hemos preguntado: ¿qué otros momentos o períodos históricos han marcado la evolución de la interpretación y su importancia en la sociedad? Aquí te traemos algunas respuestas.

¡Comenzamos!

La interpretación no siempre fue un oficio digno

Aunque hoy en día es impensable la ausencia de intérpretes en los grandes eventos internacionales relacionados con cuestiones políticas, diplomáticas y de estado, en el comienzo de los tiempos no fue un oficio que se mirase siempre con buenos ojos.

Ya en el 1350 a.C. se observa la primera representación de un intérprete, grabada en jeroglíficos egipcios, donde se muestra una figura desdoblada que sirve de intermediador entre Horemheb, general del faraón Tutankamon, y unos emisarios asirios y libios. La figura del intérprete es más pequeña que las de dichos emisarios, y ni que decir tiene respecto al tamaño del general o del propio faraón. Esto da una pista de su estatus social, reducido al de meros sirvientes. No obstante, esto puede resultar relativamente engañoso, ya que, durante mucho tiempo, se les consideró parte importante de la actividad comercial, diplomática y económica, llegando a otorgarles el título hereditario de Intérprete superior

Jeroglífico de un intérprete egipcio
Una de las primeras representaciones de un intérprete en la historia.

Sin embargo, la cosa no fue tan halagüeña en Roma y Grecia. Los romanos los utilizaban para «poner distancia» entre ellos y los bárbaros del norte o los griegos, a los que consideraban inferiores, mientras que Grecia imponía el aprendizaje de su propio idioma a todos los pueblos que quisiesen tener trato con ellos. ¿No os suena de algo?

Los intérpretes: pieza clave en los conflictos bélicos…

La conquista de México y Las Cruzadas, oh, sorpresa, no ayudaron demasiado al gremio de intérpretes a desprenderse de la mala fama, pero les otorgaron un estatus fundamental en ambas ocasiones.

Grabado de «Malinche»
Grabado de «Malinche»

La labor como intérprete entre el idioma maya y el náhuatl de la célebre Malinche, quien merecería un artículo propio, fue crucial para desarrollar la exitosa política de alianzas gracias a la cual Hernán Cortés pactó con diversos grupos resentidos por el imperio mexica. Su labor iba más allá del de la interpretación, ejerciendo, además, labores de mediación y diplomacia. Rara es la ilustración de Hernán Cortés en la que no aparezca «Doña Marina» junto a él, e incluso se conservan representaciones de ella sola, participando en eventos importantes.

Ya en la Baja Edad Media encontramos figuras de especial relevancia denominadas «trujamanes» o «dragomanes», utilizadas por el imperio otomano como enlaces en labores económicas y comerciales con los reinos de Europa. Su labor era, por tanto, mucho más específica y menos profesionalizada que el de los intérpretes actuales, y a menudo se reducía a una suerte de improvisación un tanto arbitraria sobre aspectos económicos entre diferentes Estados y colonias árabes y europeas.

El origen de la interpretación moderna

Las Grandes Guerras siempre han sido el triste laboratorio de experimentación de los grandes saltos tecnológicos, científicos y sociales, y en el caso de la interpretación no iba a ser de otra manera.

Aunque durante la Primera Guerra Mundial, los y las intérpretes jugaron un importante papel como intérpretes de guerra entre los aliados, fue tras su finalización, en la Conferencia de Paz de París de 1919, cuando se produjo el asentamiento de la disciplina. La exigencia de Inglaterra de que el inglés fuese lengua oficial en asuntos diplomáticos —antes de esto solo el francés disfrutaba de esa consideración— forzó la creación de un servicio de interpretación oficial mediante chuchotage o interpretación consecutiva. Había nacido la figura del/la intérprete de conferencias.

El éxito fue tal, especialmente por la labor de Paul Mantoux como intérprete oficial, que a lo largo de los años posteriores a la guerra estas técnicas se fueron consolidando cada vez más. Las exigencias diplomáticas en aquellos años convulsos eran cada vez mayores y esto obligó a crear escuelas de profesionalización con formación específica, más allá del bilingüismo «de cuna».

Además, se dieron los primeros pasos en el desarrollo de nuevas técnicas precursoras de la que terminaría siendo la herramienta de referencia dentro de la interpretación de conferencias: la interpretación simultánea.

Edward Filene y A. Gordon-Findlay fueron los encargados de desarrollar una tecnología que permitiese acortar el interminable proceso en el que se convertía la interpretación consecutiva de grandes conferencias. Con los fondos del primero y el ingenio del segundo, idearon el sistema Filene-Findlay que permitía al intérprete susurrar su traducción a través de un aparato, sin la necesidad de interrumpir otras traducciones.

Al principio hubo ciertas reticencias a implementar esta tecnología. Los intérpretes eran reacios a cambiar de técnica y se ponía en duda la capacidad humana de llevar a cabo una traducción prácticamente al mismo tiempo que hablaba el ponente, con tecnología o sin ella, así que su uso tardó mucho en generalizarse dentro de las instituciones oficiales.

Y entonces llegó Núremberg.

La interpretación no siempre fue un oficio digno

Aunque poco a poco la labor del intérprete se iba consolidando, técnicas como la interpretación simultánea sucesiva y lectura sucesiva de textos pretraducidos seguían prevaleciendo frente al uso de la novedosa tecnología inventada por Gordon-Findlay y patentada finalmente por IBM.

Pero cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y se organizó uno de los juicios más importantes y multitudinarios del siglo XX, quedó claro que aquellas técnicas no serían suficientes.

Con una auténtica Torre de Babel formada por un tribunal que hablaba tres idiomas —inglés, francés, y ruso—, más una multitud de acusados alemanes, la interpretación consecutiva podría hacer que los juicios se prolongasen durante años.

Por eso tuvieron que dar un salto de fe y utilizar la tecnología de interpretación simultánea asistida por los macroordenadores de IBM para intentar acortar la potencial duración del proceso.

Otro escollo considerable fue encontrar intérpretes preparados que sirviesen de enlace entre jueces, abogados, fiscales y acusados. La mayoría eran inexpertos, bien por no dominar la técnica simultánea, bien por carecer de formación profesional y haber aprendido por ensayo y error. De hecho, dado el volumen de trabajo y la escasez de recursos, muchos de los y las intérpretes que participaron en los Juicios de Núremberg, además de no ser intérpretes profesionales, eran víctimas, directas o indirectas de los propios acusados, a quienes tuvieron que traducir. Esto produjo situaciones de mucha tensión durante el juicio.

Para evitar suspicacias y acusaciones de sesgo o manipulación, las interpretaciones fueron grabadas para su posterior revisión y corrección.

A pesar de la complejidad y delicadeza de todo el proceso, resultó ser todo un éxito. Los Juicios de Núremberg permitieron consolidar una técnica tan extendida hoy en día como es el de la interpretación simultánea, además de colocar el oficio de intérprete en el lugar que se había ganado a pulso a lo largo de la historia.

Esperamos que hayas disfrutado de este pequeño resumen y que te haya servido para destripar un poquito más la historia de la interpretación y su papel en eventos tan importantes de la humanidad.

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