Gestión de la terminología

Gestión de la terminología

Enfrentarse a una traducción siempre es una labor compleja si no se tienen los recursos adecuados, y puede tornarse en una empresa insuperable cuando hablamos de traducciones especializadas. Por eso es fundamental gestionar adecuadamente las bases de datos terminológicas y contar con una metodología de trabajo que te permita optimizar el tiempo y los recursos para obtener los mejores resultados.

¿Quieres saber cómo hacerlo? Te lo contamos a continuación.

¡Empezamos!

¿De qué hablamos cuando hablamos de terminología?

Todos sabemos la enorme fuente de frustración que pueden suponer los sinónimos, acrónimos, abreviaturas o términos concretos dentro de un texto, especializado o no. Es muy fácil que nos entren las dudas sobre si una determinada palabra tiene el significado que creemos o si la hemos traducido de la misma forma en documentos previos.

La lengua está viva —en contra de lo que muchos se empeñen en creer, aunque eso daría para otro debate— evoluciona, se adapta y, en el caso que nos ocupa, además reacciona al entorno en el que la colocamos. Por eso cuídate de quien te diga que para traducir solo hace falta un diccionario.

La terminología, en tanto en cuanto estudia los términos y su uso, está tan viva como la lengua de la que forma parte y cambia en función del contexto específico al que haga referencia. Así, un término concreto podrá tener distintos matices y significados dependiendo de si está colocado en un documento legal, una publicación médica o en un texto financiero. Por eso, además, debemos cuidarnos mucho de no confundir término con palabra, porque son conceptos diferentes: un término, en palabras de la propia Mª Teresa Cabré, es una palabra asociada a una gran información semántica, sintáctica y pragmática cuyo valor se determina en función de un uso y contexto determinados.

¿Por qué es tan importante la gestión efectiva de la terminología?

Como vemos, el contexto en la traducción lo es todo. Es fundamental tender hacia la especialización dentro de la traducción para aprender a elegir el léxico adecuado en el campo específico en el que se trabaja. La palabra exacta y el sentido preciso marcarán la diferencia entre una buena y una mala traducción.

Una gestión efectiva de la terminología empleada permite optimizar el tiempo y el esfuerzo, y conseguir traducciones más efectivas porque organiza los términos mediante reglas particulares. Para ello se emplean lo que se conoce como bases de datos terminológicas en las que ordenan y centralizan todos los términos aprobados junto con su traducción consensuada dentro del sector. ¿Qué logramos con eso? Pues que siempre se traduzcan determinados términos de la misma forma y que tengamos un acceso rápido a dichas traducciones.

Por lo tanto, gestionar eficazmente la terminología mediante bases de datos evita contradicciones e incoherencias, facilita su reutilización y homogeneiza las traducciones dentro de un campo determinado. Esta estrategia no solo potenciará nuestra productividad, sino que además tenemos el valor añadido de que contribuiremos a mejorar indirectamente la imagen de marca de nuestro cliente: nadie puede negar que encontrarse textos en los que las mismas siglas signifiquen cosas diferentes no inspira demasiada confianza ¿verdad?

No solo de bases de datos viven los traductores

Si antes apuntábamos que para realizar una buena traducción no basta con tener un diccionario, las bases de datos terminológicas tampoco son suficientes si no contamos con una metodología de trabajo que las integre de manera efectiva.

En 2012, Blanca H. Pardo llevó a cabo un estudio que pretendía identificar los principales problemas en los procedimientos de búsqueda léxica empleados por estudiantes de Traducción e Interpretación. Entre las interesantes conclusiones a las que llegó destaca el hecho de que la sistematización de las búsquedas de terminología llevaba a una mejor traducción si se realizaban en el siguiente orden:

  1. Búsqueda en bases textuales bilingües como EUR-LEX, DTSearch o memorias de traducción.
  2. Búsqueda en bases documentales (corpus o páginas web monolingües)
  3. Búsqueda en bases de datos especializadas tales como IATE, glosarios especializados o elencos terminográficos bilingües.

Por otro lado, también descubrió que se incrementaba sustancialmente la calidad de la traducción si, posteriormente, dicha búsqueda se sometía a verificación de registro a través de buscadores como Google o Exalead, analizando el volumen de resultados y la fiabilidad de las fuentes encontradas. En este sentido hay que tener en cuenta que, cuanto más especializado sea un texto, menos resultados encontraremos en buscadores y, por tanto, mayor peso deberemos darle a la fiabilidad de la fuente que los recoja.

Si nada de esto funciona, es recomendable que el traductor o traductora recurran a sus propias fuentes personales y foros especializados como Proz o Wordreference.

Como vemos, la gestión de la terminología es fundamental para mejorar la calidad de nuestras traducciones. La sistematización de una metodología de búsqueda, unida al uso efectivo de bases de datos terminológicas nos permite potenciar nuestro trabajo a la vez que optimizamos nuestro tiempo. Y tú, ¿sigues estos métodos de trabajo?

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