Feliz año 2021

Balance de un duro 2020 cargado de enseñanzas

A principios del año 2020 nos congratulábamos de entrar a formar parte del CharterEFR para impulsar la conciliación a través del teletrabajo. ¿Quién nos iba a decir que, al poco tiempo, el teletrabajo se volvería una parte indispensable de nuestra vida por una razón tan insospechada como desoladora?

El 15 de marzo de 2020 toda España se detuvo por culpa de una devastadora enfermedad que ha ocasionado la mayor pandemia mundial de los últimos cien años y tuvimos que adaptarnos, de la noche a la mañana, a una nueva realidad. Las fronteras se cerraron y el espacio vital se vio de golpe reducido a cuatro paredes.

A pesar de que nuestro mundo se puso del revés, de que perdimos a muchos seres queridos por el camino, y de que la incertidumbre económica y laboral nos golpeó —y nos sigue golpeando— con dureza, sacamos fuerzas de flaqueza y encaramos aquella situación extraña y desconocida con una resiliencia absolutamente conmovedora.

Aprendimos a aprovechar al máximo nuestro nuevo entorno de trabajo, a buscar alternativas para reinventarnos, nos las ingeniamos para entretener a los más pequeños y no perder la cabeza en el intento, devoramos libros, series y películas, y hasta aprendimos a hacer pan. Cualquier alternativa era buena para mantener la esperanza y conservar el optimismo, aunque no siempre fuese fácil. Pero al menos podíamos seguir trabajando, aunque fuese encerrados en casa; al menos teníamos una casa donde trabajar. No todo el mundo podía decir lo mismo.

También aprendimos a valorar el aire libre y, aunque seguimos echando de menos visitar otros países, encontramos la manera de conectar con otras culturas, aunque fuese sin salir de nuestra casa. Conectar… qué poco lo valorábamos antes y cómo se volvió tan indispensable en poco tiempo.

Gracias a las nuevas tecnologías pudimos mantenernos conectados con aquellos a quienes no podíamos abrazar. Las pantallas se llenaron de sonrisas y palabras de ánimo, de apoyo en momentos difíciles, pero también de ilusión, al ver que al otro lado aún se mantenían el humor y la esperanza. Música improvisada en los balcones y creatividad desinteresada; globos de helio que hacían un poquito más ligera nuestra alma en momentos en los que la realidad pesaba tanto.

Sin duda ha sido un año complicado para muchos. Sin embargo, este año nos ha enseñado que, a pesar de la distancia, somos capaces de conectar más que nunca a través de las palabras. Palabras sanadoras que tienen el poder de acercarnos, de despertar emociones y de regalar sonrisas. Palabras que nos han permitido traspasar todas las fronteras que no pudimos atravesar físicamente.

Por eso, desde Zesauro Traducciones hemos querido hacer balance de un año tan duro, poniendo el foco en las lecciones de vida que hemos aprendido por el camino, y con este mensaje de ilusión y de esperanza.

Deseamos de corazón que el 2021 os traiga todas las alegrías que el 2020 os robó.

Comparte palabras, regala sonrisas.

¡Feliz Año Nuevo!

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