Vacaciones para traductores

5 lugares de vacaciones para traductores atrevidos

Tras dos veranos de confinamiento y restricciones, parece que este año podremos viajar un poco más. Seguramente tu muro a estas alturas ya se habrá llenado de propuestas de vacaciones y destinos ideales para amantes de los idiomas. Lugares donde disfrutar de un merecido descanso mientras aprovechas para aprender nuevas lenguas o recuperar algo de práctica. Chorradas.

Esos no son más que opciones para principiantes, para traductores y traductoras acomodados en lo convencional.

¿Quieres sumergirte de verdad en aventuras lingüísticas? Aquí te traemos algunas no aptas para cardiacos.

¡Empezamos!

Un viaje al interior del Amazonas que no podrán «contar»

En las profundidades de la amazonia brasileña, una pequeña tribu de no más de 400 integrantes nos sirve como primera parada en este viaje hacia las curiosidades de la lengua y el comportamiento humano.

Si realmente te apasionan los idiomas, seguramente habrás oído hablar de los Pirahã. Esta tribu se hizo mundialmente famosa por el estudio que publicó Daniel Everett allá por 2005, y que hizo colisionar una vez más el universalismo frente al relativismo lingüístico.

Lo primero de lo que te darás cuenta si visitas alguna de sus aldeas, es de que lo de contar no se les da demasiado bien. Esto es así porque en la lengua de los Pirahã —que se autodenominan Hi’aiti’ihi’, los erguidos— no existen ni el conteo ni los numerales. Básicamente se apañan con cantidades poco precisas y relativas al contexto de los objetos que tienen delante.

Pero esta es solo una de las apasionantes peculiaridades de la lengua de los Pirahã. El hecho de que carezcan de tiempos relativos, términos para los colores o la capacidad para construir mitos o cualquier otro tipo de ficción los convierte en un destino casi obligatorio para quienes sientan curiosidad por el lenguaje.

Pero te advertimos de que si pretendes pasar la tarde conversando con un Pirahã no esperes frases interminables; no porque sea parcos en palabras, sino porque su lenguaje carece de recursividad sintáctica que les permita construir oraciones infinitas, como en la inmensa mayoría de idiomas.

Sin duda, un viaje que no te dejará indiferente.

Alaska en pocas palabras que significan mucho

Si prefieres el frío a la humedad tropical y no te importa que el menú sea rico en grasa de ballena, el siguiente destino encajará perfectamente contigo.

Rodeados de los parajes helados de Alaska y Siberia, y amparados por las auroras boreales, viven los yupik, los aborígenes (mal llamados) esquimales. Este pueblo cuenta con la particularidad de hablar, una variedad particular de idioma aglutinante —como puede ser el japonés, el turco o el propio euskera— pero llevada al extremo polisintético.

Las cinco lenguas esquimo-aleutianas —una de las cuales se considera oficialmente extinta— construyen sus palabras como una acumulación interminable de morfemas gramaticales recogiendo así conceptos muy complejos, como si de enormes frases completas, pero sin espacios, se tratasen. Vamos, un auténtico quebradero de cabeza para los traductores más avezados.

Así que olvídate del falso mito de que tienen cuarenta palabras diferentes para nombrar la nieve, pero si un yupik te dice que es de pocas palabras, échate a temblar.

Chasquidos ancestrales desde el sur de África

Saltemos de latitud y de continente para calentarnos un poco las manos… y la lengua.

Sudáfrica ha sido histórica y tristemente conocida, entre otras cosas, por el fenómeno del apartheid, sistema de segregación racial que no fue abolido hasta 1992, pero que aún sigue dando coletazos.

Uno de los numerosos pueblos que la sufrieron fueron los xhosa, un grupo étnico sudafricano cuyos ancestrales orígenes proceden del corazón de África. Su idioma, también conocido como xhosa, forma parte de la enorme familia bantú, muy extendida a lo largo de todo el África subsahariana. Lo que más destaca de esta lengua, y por lo tanto lo que le merece un lugar en esta lista de curiosos destinos turísticos para traductores, es que utiliza un sistema de chasquidos consonánticos con hasta ochenta variedades diferentes. Tanto es así, que hasta el 70% de las palabras comienzan con este chasquido característico. ¡Hasta la propia palabra xhosa lo hace!

Por si esto fuera poco, el xhosa es también una lengua tonal, lo que quiere decir que las mismas letras colocadas en el mismo lugar exacto tendrán un significado según la entonación. ¿No querías retos?

Costa Rica «tiene algo que decirte»

Para los viajeros más caribeños también tenemos un destino ideal con un idioma peculiar.

El mekatelyu (también conocido como criollo limonense), ya sorprende desde el mismísimo nombre, que es una transliteración de la construcción inglesa «Make I tell you something» («déjame decirte algo», en español).

La lengua proviene de una azarosa mezcla del español con las diferentes variedades del inglés que hablaban los trabajadores provenientes de Jamaica, Barbados, Trinidad o Haití, que llegaron al país a partir de 1831 para la construcción del ferrocarril, y que posteriormente se quedaron trabajando en la United Fruit Company, que además favorecía la segregación racial.

Al principio estos inmigrantes se comunicaban en inglés, aunque existían variaciones entre los diferentes dialectos. El tiempo hizo que el lenguaje se terminase homogeneizando e incorporando formas y expresiones del español. Así surgió una lengua que es más que una seña de identidad, y que ha terminado contagiando al español de Costa Rica con expresiones propias.

Como curiosidad cabe destacar que carece de flexiones verbales como en el español, ya que utilizan yuxtaposiciones de palabras para indicar las variaciones de género y de número. Por otro lado, el uso de los verbos varía mucho con respecto a las dos lenguas de las que bebe, simplificándolos o haciéndolos más complejos según el caso.

A pesar de su importancia histórica, no fue hasta el 2018 cuando se reconoció oficialmente el criollo limonense en Costa Rica, y actualmente su uso ha quedado reducido a situaciones familiares e informales, manteniéndose el español como lengua oficial, allá donde convive con el mekatelyu.

Vanuatu, tierra fragmentada

La última parada en este particular tour lingüístico será la República de Vanuatu, un pequeño país insular localizado a 1750 kilómetros de Australia, y compuesto por 83 islas agrupadas en seis unidades autónomas.

Vanuatu subsiste gracias a la agricultura, la pesca, el turismo y algún que otro banco «off-shore», pero eso no es lo que nos ha traído hasta aquí. Dada la fragmentación de su territorio, este país, además de los idiomas oficiales —bislama, inglés y francés— se han llegado a documentar hasta veintidós lenguas minoritarias, algunas de las cuales se consideran oficialmente extintas por el reducido número de hablantes.

Por ejemplo, el último registro que se tiene del lemerig (también conocido como pak, päk, o sasar) certifica que solo existen dos hablantes nativos, ya que ha dado paso a otras lenguas vecinas como la Mwotlap y la Vera’a. Lo mismo ocurre con otras lenguas como la Volow o la Tanema, que solo tenía registrada, en 2012, un hablante nativo cada una.

Si huyes del «mainstream» y lo que te va son las rarezas y las bandas «underground» en cuando a idiomas se refiere, en Vanuatu te vas a poner las botas. Ahora, te advertimos de que no será sencillo entender «las letras de las canciones».

Como ves, no todo van a ser interraíles y viajes de intercambio a Irlanda o Estados Unidos. Aunque nuestras «alternativas para practicar idiomas sin viajar al extranjero» sigan estando aún demasiado presentes, con un poco de suerte este verano podrás tomar nota de estos fantásticos destinos en los que disfrutar de unas merecidas vacaciones. Y, por qué no, tal vez descubras idiomas curiosos y pueblos extraordinarios.

¡Feliz verano!

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